LEER LO QUE QUIERE DECIR, NO LO QUE DICE...

Han sido muchos los amigos y lectores anónimos que me han llamado/escrito para protestar por la columna de opinión de publicó (válgame la redundancia) La Opinión de Granada el martes día 18 de marzo, y en la cual yo hablaba de la frase popular 'Dios se lo pagará por otro lado', sin más intención que hacer referencia al componente interesado que muestran o enseñan a veces las religiones a sus fieles, y haciendo hincapié en que siempre hay excepciones. Reproduzco el artículo para que ustedes lo lean más detenidamente y, por favor, no se sientan ofendidos. Salud y libertad para todos.


DIOS PROVEERÁ.

Me dan tentaciones de empezar la columna como lo hacía mi amado Umbral, ‘el otro día iba yo a comprar el pan’, porque realmente fue así, iba yo a comprar el pan en esas penumbrosas calles aledañas a Pedro Antonio y estando en la panadería había dos mujeres, entradas en años, con sus abrigos de pieles, tan llenas de complementos que parecían un árbol de navidad, y la cara tan pintada como la restauración de una puerta antigua, total que hablando entre ellas, le oí comentar a una que su hija hacía el sacrificio de traerse todos los veranos a una niña saharaui, y la mujer se lamentaba de lo costoso que era, para concluir al final con algo que me llegó a lo más profundo: Pero Dios se lo pagará por otro lado.
¡Aleluya! ¡He vuelto a escuchar esa frase!... Cómo me ha acompañado desde siempre, cuántas veces se lo escuché decir a mis vecinas, las más religiosas, a una monja que venía a mi colegio de Huétor-Tájar a dar clases de religión, a algunos artistas que acudían a actos benéficos y a otros cuantos personajes cuya identidad no recuerdo ahora, pero que sin duda pertenecían al mundo de lo religioso. No sé cuánto de Inmanuel Kant habrá en esto, pero a mí siempre me ha resultado muy sospechoso y negativo, incluso antes de ponerme a analizarlo.
Es decir, hay algo en las religiones que no me acaba de cuadrar, o que no lo veo ‘puro’, porque la pureza es un concepto religioso, porque vamos a ver, para que yo me entere, es decir, o sea, que las cosas buenas, los actos buenos, se hacen porque según sus creencias, Dios lo pagará por otro lado, es decir, por imperativo categórico (Kant), no porque salga realmente del corazón, no por esa niña saharaui, si no porque haciendo eso, están obedeciendo a su religión y el día de mañana se les gratificará, pues no sé, con una parcela más grande en su cielo, o algo por el estilo.
No sé pero, aunque hay clérigos en el tercer mundo que no llevan hábito para no diferenciarse de las personas a las que ayudan, y yo aplaudo su labor, y son los que me merecen más respeto, ese componente interesado que tienen siempre las religiones no lo veo sano, y además, no sé por qué, en algunos católicos granadinos se acentúa aún más, será por aquello del síndrome de la ‘Granada profunda’. Yo me sigo quedando con las personas que hacen las cosas sin esperar nada a cambio, sin salir en la fotografía como Lady Di y sin pensar que haciendo ese tipo de actos se les recompensará en otra vida que váyase usted a saber donde está.

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