Mi artículo de hoy sábado 26 en GRANADAHOY


DESDE LO JONDO

La Toma de Granada, Bic

JUAN PINILLA | ACTUALIZADO 26.01.2013 - 01:00
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LEO en prensa que Diputación y Ayuntamiento, este último con los votos favorables de UPyD (cada vez más a la derecha el ego-partido-Rosa-Díez) proponen nombrar el día de la Toma de Granada como Bien de Interés Cultural (BIC). El día de la Toma, como todas las manifestaciones grandilocuentes que gustan a la derecha y a algunos sectores autodenominados 'progres', no lo olvidemos, es uno de los tristes gestos de la Historia que, como la hoguera de Galileo, el asesinato de Lorca o la cicuta de Sócrates, más constantemente se repiten: un aniquilamiento del contrario, un asesinato de la inteligencia, una inyección anestésica al pensamiento y los valores de la democracia. 

Pero la derecha y sus antecesores han estado tantos años gobernando con hogueras y azadones que todo esto de la democracia les parece poco serio y cosa de rojos. Las hogueras que quemaron a Galileo son las mismas que rugen en los colores de las banderas franquistas que se alzan gloriosas en la Plaza del Carmen cada 2 de enero. El asesinato de Lorca se repite en esta ciudad cada vez que relegamos al olvido a Alejandro Otero, Mariana Pineda, los Hermanos Quero, Salvador Vila o Sánchez Montesinos y se defiende a capa y espada la estatua de Primo de Rivera frente al Palacio de Bibataubín. La cicuta de Sócrates, resucita en Granada cada vez que encendemos la televisión-parroquial-municipal y bebemos su contenido, informativos convertidos en una intereconomía local y catetoide, en pataleo anacrónico y murmullo de la ignorancia, una televisioncita para tíos abuelos en zapatillas de paño que se emocionan con el costaleo de una procesión y lucen corbata el día de la Toma, gris recuerdo de los tópicos de la vieja España africana y colonialista, de faralaes y olés a la raza. 

La derechona se empeña en seguir avivando el calor de las dos Españas en Granada, una ciudad que es en sí misma ejemplo histórico de civilizaciones que desplazan a otras. El PP granadino se ha empeñado en desplazar a la inteligencia. Después de pedir que un acto anacrónico y encumbrado por el franquismo, sea BIC, lo próximo será demandar el Nobel de la Paz para José María Aznar. "El destino de las urnas es romperlas", afirmaba su amado Jose Antonio, pero aquí los josés y los sebastianes más que romper urnas, prefieren aniquilar cualquier atisbo de inteligencia, que los intelectuales han estado históricamente al lado de los rojos, y eso no mola.

HOMENAJE A RAFAEL ALBERTI. Puerto de Santa María (Cádiz). Enero 2013



En la foto, Andrés Vázquez de Sola (artista gráfico y humorista), José Luis Centella (secretario general PCE), Manuel Molina (cantaor y guitarrista), Manuel Gerena (cantaor), Juan Pinilla (cantaor), Lucía Socam (cantautora), Fernando Polavieja (cantautor), Juan De Dios Villanueva (PCA y Consejo de RTVA), Fernando Raposo (poeta), Francisco Algora (actor), Joaquín Recio (Editor), José Manuel Mariscal (Senador), Felipe Alcaraz (ex diputado y escritor) y David Caro (guitarrista)

Día 12 de Enero de 2013. Puerto de Santa María (Cádiz)

Fotografías de M. Mateo en 2009


SÁBADO, 12 DE DICIEMBRE DE 2009

Juan Pinilla. Cabal entre los cabales













Un recuerdo de la actuación que realizamos en Valladolid en 2008


JUAN PINILLA AL CANTE Y LUIS MARIANO A LA GUITARRA
El joven cantaor granaíno Juan Pinilla, ganador este año de la Lámpara Minera, nos salió literato, sensible, pero sobre todo, muy aficionado al cante y exhibió conocimientos casi enciclopédicos de la cultura del flamenco, con los que fue amenizando la noche, que como empezó parafraseando a Tiziano, "empezó a la hora que tiene que empezar el cante", así como "el atardecer es la hora de los pintores".
Tras hacer una declaración de principios en que fundamentelmente resaltó su amor por la literatura, reconociendo que entre sus autores favoritos se encuentran Paco Umbral y Jorge Guillén, comenzó desgranando su repertorio, que a la larga, se convirtió en un itinerario geográfico-flamenco por Andalucía, aunque en el caso de Pinilla, se le nota que lo que le gustan sobre todo son los Cantes de Levante, y por encima de todo, los de Granada. Pero quizás el mayor valor del cantaor es interpretar para su auditorio cantes que están prácticamente en el olvido, y que la verdad, da gusto escuchar. Algo más flojo por Sevilla, se le ve que disfruta con la Mariana, con la que empezó la actuación, dejando clara cuál iba a ser su linea: los cantes antiguos. Continuó con una Granaína, en la que demostró contar con un buen instrumento vocal y manejo de la técnica y de la modulación de la voz, y continuó por la Caña, con ilustraciones históricas de vez en cuando de lo que iba a ofrecer. Le siguió una composición del maestro granaíno Enrique Mejías, con evocaciones morunas y una especie de zambra con tangos sacromontanos con letras populares de Granada y algunas de Miguel Hernández dedicadas a Federico García Lorca.
Y llegó uno de los momentos álgidos de la noche, la Farruca, aplaudida con entusiasmo por el público. Inició la segunda parte del recital con unos Cantes de Trilla o de labor, también con ecos antiguos, como él dijo, los ancestros del cante con "ecos cortijeros". Continuó con la Malagueña de Chacón y la de la Peñaranda y anunció un amplio recorrido fandanguero por las zonas más señaladas: así fue, y fue interpretando fandangos de Almería, de la costa de Granada de Vélez-Málaga (con evocación a la figura de Juan Breva y un recuerdo inequívoco a verdiales), cantó la Jabera, de Málaga y siguió por Córdoba y Lucena (unos de los fandangos más antiguos), para terminar esta fase por Granada.
Y haciendo honor a la Lámpara Minera cantó la Murciana del Chato de Valencia, un Fandango Minero (cante apenas escuchado) y la Levantica. "El cante no es alegría; el cante es decir las penas que se tienen escondías", fue una de sus citas, o esta letra del Fandango Minero afortunadamente recuperada:
                                         "Dijo en una reunión  
                                          el Rojo el Alpargatero
                                          soy el que canta mejor
                                          cuando quieras lo demuestro
                                          soy el Gallo de la Unión"
Del dramatismo minero pasó a las Cantiñas de Cádiz (ay, Cádiz, los Carnavales, ¿eh, Mario?), cantes mucho más festivos como el Mirabrás o las Cantiñas de Sanlúcar, y a petición del público interpretó Soleares de Triana, para finalizar con Granada, siempre Granada. La Soleá de Silverio se la peleó de corazón, y ya en la recta final, sucesión de Fandangos de Huelva (con recuerdo a Paco Toronjo), acordándose también de la Paquera de Jerez. El remate fueron unas Bulerías, con lo que finalizó su particular recorrido por el mundo del flamenco. Juan Pinilla es un entusiasta del flamenco, y en su interpretación juega un papel muy importante su gesticulación, su ímpetu, su expresividad. Transmite al público su entrega y devoción, y su amor por el cante jondo, y demostró estar en buena sintonía con el guitarrista Luis Mariano, a quien conoce desde hace tiempo. 
Luis Mariano con Juan Pinilla