Un recuerdo de la actuación que realizamos en Valladolid en 2008
JUAN PINILLA AL CANTE Y LUIS MARIANO A LA GUITARRA
El joven cantaor granaíno Juan Pinilla, ganador este año de la Lámpara Minera, nos salió literato, sensible, pero sobre todo, muy aficionado al cante y exhibió conocimientos casi enciclopédicos de la cultura del flamenco, con los que fue amenizando la noche, que como empezó parafraseando a Tiziano, "empezó a la hora que tiene que empezar el cante", así como "el atardecer es la hora de los pintores".
Tras hacer una declaración de principios en que fundamentelmente resaltó su amor por la literatura, reconociendo que entre sus autores favoritos se encuentran Paco Umbral y Jorge Guillén, comenzó desgranando su repertorio, que a la larga, se convirtió en un itinerario geográfico-flamenco por Andalucía, aunque en el caso de Pinilla, se le nota que lo que le gustan sobre todo son los Cantes de Levante, y por encima de todo, los de Granada. Pero quizás el mayor valor del cantaor es interpretar para su auditorio cantes que están prácticamente en el olvido, y que la verdad, da gusto escuchar. Algo más flojo por Sevilla, se le ve que disfruta con la Mariana, con la que empezó la actuación, dejando clara cuál iba a ser su linea: los cantes antiguos. Continuó con una Granaína, en la que demostró contar con un buen instrumento vocal y manejo de la técnica y de la modulación de la voz, y continuó por la Caña, con ilustraciones históricas de vez en cuando de lo que iba a ofrecer. Le siguió una composición del maestro granaíno Enrique Mejías, con evocaciones morunas y una especie de zambra con tangos sacromontanos con letras populares de Granada y algunas de Miguel Hernández dedicadas a Federico García Lorca.
Y llegó uno de los momentos álgidos de la noche, la Farruca, aplaudida con entusiasmo por el público. Inició la segunda parte del recital con unos Cantes de Trilla o de labor, también con ecos antiguos, como él dijo, los ancestros del cante con "ecos cortijeros". Continuó con la Malagueña de Chacón y la de la Peñaranda y anunció un amplio recorrido fandanguero por las zonas más señaladas: así fue, y fue interpretando fandangos de Almería, de la costa de Granada de Vélez-Málaga (con evocación a la figura de Juan Breva y un recuerdo inequívoco a verdiales), cantó la Jabera, de Málaga y siguió por Córdoba y Lucena (unos de los fandangos más antiguos), para terminar esta fase por Granada.
Y haciendo honor a la Lámpara Minera cantó la Murciana del Chato de Valencia, un Fandango Minero (cante apenas escuchado) y la Levantica. "El cante no es alegría; el cante es decir las penas que se tienen escondías", fue una de sus citas, o esta letra del Fandango Minero afortunadamente recuperada:
"Dijo en una reunión
el Rojo el Alpargatero
soy el que canta mejor
cuando quieras lo demuestro
soy el Gallo de la Unión"
"Dijo en una reunión
el Rojo el Alpargatero
soy el que canta mejor
cuando quieras lo demuestro
soy el Gallo de la Unión"
Del dramatismo minero pasó a las Cantiñas de Cádiz (ay, Cádiz, los Carnavales, ¿eh, Mario?), cantes mucho más festivos como el Mirabrás o las Cantiñas de Sanlúcar, y a petición del público interpretó Soleares de Triana, para finalizar con Granada, siempre Granada. La Soleá de Silverio se la peleó de corazón, y ya en la recta final, sucesión de Fandangos de Huelva (con recuerdo a Paco Toronjo), acordándose también de la Paquera de Jerez. El remate fueron unas Bulerías, con lo que finalizó su particular recorrido por el mundo del flamenco. Juan Pinilla es un entusiasta del flamenco, y en su interpretación juega un papel muy importante su gesticulación, su ímpetu, su expresividad. Transmite al público su entrega y devoción, y su amor por el cante jondo, y demostró estar en buena sintonía con el guitarrista Luis Mariano, a quien conoce desde hace tiempo.
JUAN DE LOXA. Por Juan Pinilla
Desde lo jondo
Juan de Loxa
JUAN PINILLA Juan de Loxa bajaba del escenario de Fuente Vaqueros de la mano de Aurora Bautista por unas escaleras a las que Menese bautizó luego como las del circo de Manolita Chen. Se percató de que tres personas, a diferencia de los mil asistentes que permanecían sentados, aguardaban el cante flamenco apoyados en las vallas, dos señores y un niño pequeño, y al abrirle el guardia paso hacia el palco de autoridades y mover la valla, con un gesto de complicidad invitó a los señores a pasar y sentarse junto a ellos…
Loja es, efectivamente, una flor entre espinas, maltratada por el dichoso refrán reiterativo que se coloca en la boca todo el que lee por la autovía el nombre de esta ciudad y que no acaba de despegar cultural y socialmente, de ocupar el hueco que verdaderamente merece en Andalucía, por cultura, por patrimonio, por historia. De esa manera, tampoco nadie allí reivindica a Val del Omar, ni al propio Groucho Marx, que la inmortalizara en una de sus películas, ni, en nuestro caso, a Juan de Loxa, el lojeño más universal de nuestro tiempo. Juan ha sido, durante toda nuestra memoria juvenil, el encargado de dar brillo y esplendor a la palabra y patrimonio lorquiano en Fuente Vaqueros, Valderrubio... Su nombre, en nosotros, va inexorablemente unido al del poeta, y su labor y trabajo han dado de sí importantes frutos que otros hemos gozado después.
Ya nos hubiera gustado conocerlo cuando aquellos programas radiofónicos de los setenta y todo aquel despertar cultural, musical y político. Juan era entonces una voz local con dimensión nacional. Nos lo imaginamos en la radio, con la inteligencia que lo adorna, esa suerte de ironía picaresca que engorda su discurso y los recursos poéticos que lo conforman, erosionando desde la palabra y la música, un sistema político ya caduco que en Granada pocos querían enterrar. ¿Pero cuándo vamos a hablar en broma?, decía hace poco en una entrevista. Para mí, por su labor, por su obra, Juan de Loxa está por encima de calificativos. Por encima de políticos y políticas.
La suya ha sido una labor independiente, humana, consciente, cercana, comprometida… Durante aquellos principios de los noventa, la idea de Juan de Loxa nos la habíamos hecho los aficionados al flamenco a través del ´Ay, Jondo´, o el ´Pan y trabajo´ con que rematábamos las escobillas de las alegrías, pero fue aquella noche en la que, sin conocernos (yo era el niño pequeño), nos invitó a entrar en el palco, cuando me di cuenta de la generosidad de este personaje al que años más tarde pude conocer, por su cercanía y accesibilidad, y hoy puedo abrazar de vez en cuando, si me lo encuentro por las ruidosas calles del centro de Granada entre las que se desliza como ajeno al ruido y al tiempo, que viene a liberarlo de los impactos locales, entregado a la universalidad como Rimbaud, y dejando a su paso estelas de poesía y amistad.
JUAN PINILLA: LOS FLAMENCOS NO SE VAN AL SOL QUE MÁS CALIENTA
Los flamencos ´no se van con el sol que más calienta´
Juan Pinilla presenta su último trabajo, 'Las voces que callaron', donde demuesta la relación entre política y flamenco
EFE / J.C.C. El cantaor granadino Juan Pinilla canta por tanguillos a Groucho Marx en su último trabajo, 'Las voces que callaron', que dedica a los artistas flamencos que han estado comprometidos con la libertad y la democracia.
El artista presentará este libro-disco este jueves, 20 de octubre, a las 21:30 horas, en el Teatro CajaGranada, acompañado por Josele de la Rosa (guitarra), Pepe Villodores, Fita Heredia y Encarni Heredia (voeces y coros), y Paco Algora (actor). Las entradas cuestan 10 euros y pueden comprarse a través de Ticketmaster, en el teléfono 958222257 y una hora antes del concierto en la taquilla del teatro.
El ganador del premio internacional Lámpara Minera de 2007 ha explicado que quería demostrar que ha existido una implicación política en el mundo flamenco, para desmentir el conocido dicho de que los flamencos "se van con el sol que más calienta".
Su trabajo contiene un disco-libro que recoge un estudio en el que habla de esos "viejos maestros" y recuerda que la mayoría tomaron parte por la República y la democracia y algunos sufrieron prisión, torturas o el exilio.
El Corruco de Algeciras, la Niña de los Peines, Manuel Vallejo, José Meneses o el Angelillo son algunos de estos nombres que homenajea para tratar de "agitar las conciencias anestesiadas" que, a su juicio, se observan en la juventud de hoy en día.
"Ni siquiera la evidencia de los hechos los mueve", ha lamentado Pinilla, que considera que en el mundo del flamenco no existen en la actualidad nuevos referentes con un compromiso social claro y una implicación política.??El cantaor se atreve en su nuevo trabajo, no sólo a cantar por tanguillos a Groucho Marx, sino también a llevar al flamenco los versos de Edgar Alan Poe e incluye asimismo letras de Gregorio Marañón.
El disco, editado por Atrapasueños, cuenta con colaboraciones especiales como las del actor Paco Algora, que recita un poema de Gabriel Celaya, y de la actriz Enma Coen, que pone voz a las palabras de Marcos Ana, además de los dibujos de Andrés Vázquez de Sola.
Pinilla ha recordado que José Saramago solía decir que no entendía un hombre que fuera escritor y, aparte, persona, y ha dicho que él también entiende que la persona que él es y su compromiso social "tiene que estar presente" en su trabajo, por lo que se decidió a realizar este proyecto. Además, ha destacado que el disco incluye composiciones musicales propias, que se ha expresado "con total libertad" y que con este trabajo cree haber alcanzado su propio sonido, así como "una voz más madura".
HUÉTOR-TÁJAR HOMENAJE A JUAN PINILLA
Juan Pinilla da nombre a una peña flamenca en Huétor Tájar
03.10.2008 | 07:33
El cantaor y colaborador de La Opinión será reconocido por sus paisanos esta noche a las 22.00 horas en los bajos del mesón Los Trillos.
L.O. Huétor Tájar, el pueblo que le vio nacer hace 27 años, se vestirá de gala para la puesta de largo de la Peña Flamenca Juan Pinilla, una iniciativa que partió de un reducido grupo de amigos y que se ha convertido en todo un acontecimiento social en el municipio. El cantaor flamenco, colaborador de La Opinión desde los inicios del periódico, ya se ha hecho un hueco en el complicado mundo del arte jondo, sobre todo desde que en 2007 obtuviera la prestigiosa Lámpara Minera en el Festival de La Unión, en Murcia. Hoy será recocido de esta forma por sus paisanos, esta noche a las 22.00 horas en los bajos del mesón Los Trillos.
La Peña La Platería, como decana de cuantas existen, será la madrina de la recién nacida asociación hueteña. Al acto han confirmado su asistencia el fiscal jefe del Tribunal Superior de Justicia de Andalucía, Jesús García Calderón, la diputada de Cultura, María Asunción Pérez Cotarelo, el subdelegado del Gobierno, Antonio Cruz, el subdelegado de Cultura de la Junta de Andalucía, Pedro Benzal, el secretario provincial de PP granadino, Antonio Ayllón, la alcaldesa de Montefrío, Remedios Gámez, el alcalde de Huétor Tájar, don Fernando Delgado Ayén, y el director del Festival de Las Minas de La Unión, Francisco Bernabé.
Juan Pinilla, titular de esta entidad flamenca que nace “para revitalizar el arte andaluz en este municipio y en la comarca”, según sus creadores, es el único granadino que posee la Lámpara Minera, máximo trofeo del mundo del flamenco. Tiene en su haber, igualmente, la insignia de oro de la Peña La Platería, el Premio Arte y Creación del Instituto Andaluz de la Juventud y, recientemente, ha sido galardonado con el premio Imagen 2008.
De esta forma Juan Pinilla, cantaor, investigador, conferenciante, promotor de espectáculos, está dando que hablar últimamente en los medios de comunicación y ya tiene peña flamenca en su municipio. Entre los artistas y demás personalidades que acudirán al acto se encuentran también Enrique Gámez, director del Festival Internacional de Música y Danza de Granada, Marina Heredia, Pedro Chicote, Curro Albayzín, Manuel Liñán, Juan Andrés Maya, La Moneta, el periodista Paco Espínola y el poeta Manuel Ruiz Amezcua, entre otros.
JUAN PINILLA POETA FLAMENCO
FE57IVAL
Juan Pinilla, poeta flamenco
06.07.2008 | 00:00
El joven cantaor, ganador de la Lámpara Minera, ofreció un concierto memorable en el que Lorca, Miguel Hernández y Ángel González sonaron en distintos paloss
DANI R. MOYA. GRANADA El cantaor flamenco Juan Pinilla buscó y encontró anoche el duende en un concierto en la plaza de las Pasiegas lleno de poesía y en el que demostró por qué hace ahora casi un año que se alzó con la Lampara Minera, el galardón más prestigioso en el mundo del flamenco.
De Pinilla no se puede hablar ya como de la joven promesa del jondo granadino, sino de una realidad que en cada una de las actuaciones que ofrece se va creciendo con un estilo personal, sin olvidar a sus maestros como, Manuel Ávila, para el que siempre tiene un recuerdo.
La propuesta de anoche, que llevaba por título genérico ´Cuando el cante se hace poesía´, no sorprendió a los que conocen la afición de Juan Pinilla por el género poético, y es que el cantaor de Huétor-Tájar ha buscado desde sus comienzos en el mundo del flamenco la solidez y contundencia de los grandes poetas en las letras. Llevó al escenario, por cierto, su preciada Lámpara Minera que tanto trabajo le costó ganar, y se la quiso brindar al público presente.
Fue curioso sin duda escuchar a Pinilla, que no destaca por ser un fiel devoto religioso, frente al marco de fondo de la Catedral; pero el espacio, independiente de fervores místicos, ofrece una estampa impresionante que con la voz de Pinilla gana plasticidad.
El cantaor echó mano de poetas imprescindibles y que mucho tienen que ver con la propia concepción del arte y el compromiso social que él mismo enarbola. Por supuesto García Lorca, además de José Hierro, Miguel Hernández y Ángel González ´prestaron´ sus textos a Pinilla, que por diferentes palos ofreció un recital acompañado de su guitarrista habitual, Luis Mariano, con el que forma una conjunción perfecta para suerte de los aficionados del buen arte. Ayer también le acompañó Antonia Jiménez.
Uno de los momentos más emotivos de la noche fue cuando Juan Pinilla recordó al poeta asturiano Ángel González con el poema ´Danae´, que tanto gustó en mayo pasado cuando lo interpretó en el homenaje que el Festival Internacional de Poesía de Granada tributó al autor de ´Palabra sobre palabra´, fallecido el pasado enero.
El público enseguida identificó los versos lorquianos de la ´Casada infiel´ que Juan Pinilla musicó y que fueron muy aplaudidos.
El cantaor vino a confirmar su tendencia marxista más allá de su conocida militancia en el Partido Comunista. Pinilla fue anoche marxista, sí, pero no por Carl, sino por Groucho. El músico se atrevió a hacer algo que, probablemente no haya hecho nadie en el mundo del flamenco, como cantar unos textos del popular actor por tanguillos de Cádiz. Todo un atrevimiento que sorprendió y gustó.
El cantaor puso fin a su recital con ´Alma dormida´, de José Hierro, otro de sus poetas de cabecera, y con ´De pintor a pintor´, de Ramón Gaya.
Aunque nada como escucharle en directo, donde suele estar pletórico, como en el recital de anoche, pronto estará en el mercado el primer trabajo discográfico de Juan Pinilla, editado por el sello de Radio Televisión Española, con motivo de la Lámpara Minera que obtuvo el pasado año en el Festival de La Unión (Murcia). b
De Pinilla no se puede hablar ya como de la joven promesa del jondo granadino, sino de una realidad que en cada una de las actuaciones que ofrece se va creciendo con un estilo personal, sin olvidar a sus maestros como, Manuel Ávila, para el que siempre tiene un recuerdo.
La propuesta de anoche, que llevaba por título genérico ´Cuando el cante se hace poesía´, no sorprendió a los que conocen la afición de Juan Pinilla por el género poético, y es que el cantaor de Huétor-Tájar ha buscado desde sus comienzos en el mundo del flamenco la solidez y contundencia de los grandes poetas en las letras. Llevó al escenario, por cierto, su preciada Lámpara Minera que tanto trabajo le costó ganar, y se la quiso brindar al público presente.
Fue curioso sin duda escuchar a Pinilla, que no destaca por ser un fiel devoto religioso, frente al marco de fondo de la Catedral; pero el espacio, independiente de fervores místicos, ofrece una estampa impresionante que con la voz de Pinilla gana plasticidad.
El cantaor echó mano de poetas imprescindibles y que mucho tienen que ver con la propia concepción del arte y el compromiso social que él mismo enarbola. Por supuesto García Lorca, además de José Hierro, Miguel Hernández y Ángel González ´prestaron´ sus textos a Pinilla, que por diferentes palos ofreció un recital acompañado de su guitarrista habitual, Luis Mariano, con el que forma una conjunción perfecta para suerte de los aficionados del buen arte. Ayer también le acompañó Antonia Jiménez.
Uno de los momentos más emotivos de la noche fue cuando Juan Pinilla recordó al poeta asturiano Ángel González con el poema ´Danae´, que tanto gustó en mayo pasado cuando lo interpretó en el homenaje que el Festival Internacional de Poesía de Granada tributó al autor de ´Palabra sobre palabra´, fallecido el pasado enero.
El público enseguida identificó los versos lorquianos de la ´Casada infiel´ que Juan Pinilla musicó y que fueron muy aplaudidos.
El cantaor vino a confirmar su tendencia marxista más allá de su conocida militancia en el Partido Comunista. Pinilla fue anoche marxista, sí, pero no por Carl, sino por Groucho. El músico se atrevió a hacer algo que, probablemente no haya hecho nadie en el mundo del flamenco, como cantar unos textos del popular actor por tanguillos de Cádiz. Todo un atrevimiento que sorprendió y gustó.
El cantaor puso fin a su recital con ´Alma dormida´, de José Hierro, otro de sus poetas de cabecera, y con ´De pintor a pintor´, de Ramón Gaya.
Aunque nada como escucharle en directo, donde suele estar pletórico, como en el recital de anoche, pronto estará en el mercado el primer trabajo discográfico de Juan Pinilla, editado por el sello de Radio Televisión Española, con motivo de la Lámpara Minera que obtuvo el pasado año en el Festival de La Unión (Murcia). b
A Juan Pinilla
Respuesta a Juan Pinilla
08.10.2008 | 16:36
PACO ESPÍNOLA Como especialista en nada, me puedo permitir el lujo de comportarme como un voyeur del arte, es decir, mirar sin ser visto y disfrutar sin ser oído. Como tal, desde hace años, asisto de libre oyente a las lecciones ex cátedra que imparten algunos flamencos, muy pocos, uno de ellos es Juan Pinilla.
El viernes pasado Huétor Tájar se volcó en la inauguración de la peña flamenca que lleva el nombre del joven cantaor local. Y si los de su pueblo lo han visto crecer, un servidor lo he visto agigantarse a golpes de humildad. La humildad es una decisión, no una cualidad del carácter. Son humildes los que deciden serlo, no los que están obligados a serlo por su falta de cualidades. En ese contexto puedo asegurar que es mejor cantaor que buena persona.
Juan Pinilla conoce perfectamente esa norma sagrada de la humildad flamenca que equivale a la soledad. Porque el cante jondo es solitario y no se dirige a un auditorio, aunque su fuerza sea tal que se lo concilie indeseado, y entonces, por la hondura salobre de donde brota, asuma una virtud sibilina y una significación para todos. Pinilla, que lanzó su voz en plena soledad como Juan el Bautista, se ha visto, a pesar suyo, rodeado de una muchedumbre que cree oír de sus labios su propio horóscopo. Nos encontramos, además, ante uno de esos cantaores capaces de reunir continente y contenido, ética y estética. Agua pura del Jordán flamenco.
Juan Pinilla tiene 27 años y una caracola en la garganta. En ella resuenan los ecos lejanos de antiguos sones que expresan la pasión inevitable de esos hombres y esas mujeres que la entonan, mujeres y hombres de una fina sensibilidad de artistas, indignados por las injusticias históricas; dotados de una fantasía peligrosa, del sentido innato de lo bello y lo fastuoso, nacidos para actuar de príncipes en poemas orientales, con un ansia pánica de infinitud, de agotarlo todo y de agotarse en gestos lacerantes y efusivos, y que será muy difícil esquiven la tragedia pues se avienen a todo, menos a lo mediocre.
Tales seres excepcionales, sumamente sensibles a los albores del azar, de una imaginación plástica que requiere el símbolo visible, el ídolo para vincular en él sus afectos, tendrán muy pronto trazado su destino y su salvación o su desastre. Serán grandes artistas o grandes mediocres, o pasarán sin transición de una a otra grandeza, como aquel Miguel de Mañara en el mito, si interviene, oportuna, la gracia. Y puedo garantizar que en el caso de Juan Pinilla ha intervenido.
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